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lunes, 4 de julio de 2011

Gora San Fermín, Gora Iruña

Bueno ya queda menos para el chupinazo, Como que julio  parece ser el mes de las fiestas. Me pierdo San Fermines. Las calles abarrotadas de Pamplona. Los pinchos. La música y la buena juerga. Con lo buenorros que están los navarricos. Y hay un Goicoechea en cada esquina. Algún día no muy lejano me iré a Pamplona. Como decía Lorca, "iré a Santiago". Como Hemingway que se pegaba unas borracheras olímpicas en Pamplona.
Espero que ningún "guiri" resulte herido o algo peor.


Vista tomada cerca de Irati.

viernes, 1 de julio de 2011

Una muerte muy dulce

Desde el día 27 de junio realizo las 80 horas de prácticas correspondientes a un curso de auxiliar en gerontología y atención a personas con discapacidades, patrocinado por el instituto catalán Pere Tarres con financiación de la Caixa.


Comencé colaborando con  Pepi y con Fátima. Enseguida formamos un buen equipo.

Mi primera tarea fue despertar y asear a un paciente.


El señor sólo necesitaba que se le lavara el cuerpo y sobretodo  una inspección de la parte posterior de la espalda, para prevenir úlceras por presión.


Debido a mi profundo desconocimiento de cómo funcionan las cosas en un centro socio sanitario privado (bueno ya es bastante menos), le pregunté a mi compañera Pepi si en esa institución  se acostumbraba a alojar personas de diferente género en la misma habitación.


Mi ocurrencia desató la risa del personal: son un matrimonio, aclararon. Ahhh, dije. La verdad es que no quiero hablar del matrimonio, que se arregla con exquisito cuidado antes de bajar al comedor.


Quiero hablar de la señora Narcisa. 


El día 27 presencié cómo se le administraba su papilla con cafe con leche. Había que hacerlo poco a poco para que no se atragantara lo que podía causarle serios daños y sobre todo sufrimiento.


Una paciente tierna y cariñosa pero ya muy debilitada. Pese a su feble condición "Niceta" era capaz de dar y recibir amor. Le gustaba que le acariciáramos las manos flaquitas, casi transparentes.


Pese a su imposibilidad de hablar, por el deterioro de los músculos correspondientes, parecía querer decirnos cosas buenas.


Pero de pronto su condición de base pareció empeorar y con el  acuerdo de la familia, su sobrina sobre todo, se llamó al servicio de urgencias. Permanecimos con ella tranquilizándola y acompañándola mientras llegaban los sanitarios.


El jueves fue fiesta local y no fuí a la institución.


El viernes, cuendo me reincorporé a la faena, Ana otra auxiliar con unos 11 años de experiencia me encargó de que le administrara el desayuno a la señora Narcisa quien una vez atendida en urgencias había regresado al centro, ya que en sus condiciones no se aconsejaba un ingrso hospitalario.


Eso me gustó ya que era una responsabilidad que por lo menos a mí me pareció muy grande. Ayudar a una anciana a comer es algo importante. Y hay que hacerlo perfectamente o abstenerse.


Mezclé  bien el café con leche con el cereal y ayudada de una cuchara sopera le iba dando sorbitos poco a poco, esperando que lograra tragar sin agobios. 


Con mucha paciencia para que la gran cantidad de flema alojada en su aparato respiratorio y una obstrucción de dichas vías no le ocasionaran ahogo.


Pero observé que la anciana estaba cada vez más pálida. Y en un momento movió la cabeza. En clara señal de que no deseaba que le siguiera dando la mezcla alimenticia. Le tomé la mano. Entonces empezó a toser. Mucho.

En ese momento entró Ana, quien enseguida se percató de la naturaleza de la situación.


Sube la cabecera de la cama le indicó Ana a Fátima.

Mientras yo le expliqué cómo habían ido las cosas. Los signos y síntomas de empeoramiento eran evidentes. Se nos iba.


Ana a viva voz solicitó a la otra auxiliar que de inmediato llamara a la enfermera.

La enfermera  Janet llegó enseguida, muy serena y provista del esfingomanómetro. La presión muy baja. Comprobó tal como yo había hecho que no había latido en la yugular.


Y entonces hizo algo que a mí me pareció casi mágico: le acercó a las fosas nasales un cristal que correspondía al de la foto del marido de la señora Narcisa. Narcisa había muerto cerca de ese recuerdo.


Esa mañana como correspondía la aseamos en la cama para que estuviera a gusto. Y paladeó algo del desayuno.


Recibió muchos besos en la frente. Le tomamos las manos. Y ella se sabia querida.


Luego llegó una monja que recitó oraciones y encomendó su espíritu a Dios.


Ahora la señora Narcisa es otro ángel que vela por mí. Hasta luego querida Niceta.


Me acordé de cómo el Ché se había conmovido por el estado precario de una señora muy enferma llamada María.

Es bueno que quienes atiendan personas tengan sentimientos sin que éstos se desborden de forma caótica.


Pocos minutos más tarde ya estábamos en otras tareas. Sin que el resto de los pacientes padecieran la inquietud o el agobio de un deceso.

Pero tanto Fátima como yo íbamos calladas. Sobre todo Fátima para quien la muerte de Niceta, con la que se había encariñado, fue muy dolorosa.

Hoy comienzan las vacaciones de verano. Me voy a perder los San Fermines. Hace un calor africano. Casi no puedo salir a la calle. Esta tarde cuando regresé del centro sanitario, me hice una buena comida a base de sardinas y patatas con mucho aceite. Luego me tiré en la cama y estuve durmiendo hasta las 6 de la tarde. Todavía hacía calor. Sólo logro vivir a partir de las ocho de la tarde.



Niceta in memoriam


sábado, 18 de junio de 2011

Hillary Clinton sabotea la memoria de Hemingway en Cuba.

Tal como están las cosas, la noticia casi no lo es. Al menos no cuenta tanto en el imaginario popular como la reciente separación de un cantante muy querido, u otra joya patria que descubre el major trasero (femenino) de España. Pues no.

Se trata de Cuba, y por excepción, miren ustedes que novedad, no da cuenta de huelgas de hambre, vergonzosamente descritas, ni de presuntos abusos policiales.

La cosa tiene que ver con una modesta reunión de estudiosos de la obra de Ernest Hemingway, con sede en La Habana (Cuba) que para aquellos que no lo sepan hizo de éste país su segunda patria y amó a sus gentes humildes con las que compartió menudas borracheras de buen vino francés, porque Papa Hemingway era generoso y muy amigo de empinar el codo.

Por los puñeteros tejemanejes del Departamento de Estado, que dirige esa lumbrera que es Hillary R. Clinton, (que dudo mucho que aprobara un exámen sobre sociología e historia de América Latina), unos 14 estadounidenses se quedaron fuera de participar en el evento. Tal parece que se están inspirando en lo que tanto critican del gobierno cubano. Supongamos que Fidel y/o Raúl encarnan algo así como el "lado oscuro de la fuerza". Pero qué culpa tienen esos profesores interesados en literatura de tal circunstancia cósmica. Es sencillamente ridículo. Dan ganas de indignarse y de pedir que suelten de una vez a los cinco espías (perdón héroes), vamos.

Como dije al principio, el asunto es menor. Casi deleznable. Pero da una idea de la estupidez y mala baba, de ese doble lenguaje hipócrita del que son maestros en algunas instancias de Estados Unidos, un país que por contraste cuenta con la mayor concentración de investigadores científicos del planeta.

En ínfima venganza diré que la página de la White House es, con notable diferencia, más pesada que Granma Internacional, lo cual ya es algo. Especialmente las fotos conmovedoras y cursis: el señor Obama tieso y acartonado, como una estatua parlante, el señor Obama haciéndole carantoñas a un bebé, el señor Obama ingiriendo comida basura, con camisa blanca arremangada y corbata, hortera total.

Hemingway siempre estará en Cuba. Un pequeña isla a la que amó y donde fue querido. La Fundación "Finca Vigía", integrada por estadounidenses y la participación de la administración de bienes culturales de Cuba se ocuparán de ello.

martes, 14 de junio de 2011

Cumpleaños del Ché

Nunca envejecerá el comandante Ernesto Guevara de la Serna, alias Ché, quien se unión con todas sus fuerzas al proyecto de la revolución cubana. Si él no hubiera escogido un destino de sacrificio y combate hasta sus últimas fuerzas, tal vez hoy sería un abuelete más o menos resabioso. Lector empedernido y observador constante de lo que sucedía a su alrededor, no es improbable que escribiera mucho más de lo que le dió tiempo en su vida vertiginosa. Nunca se rindió a la enfermedad. Jamás lo tentó el poder. Siempre supo ser su mejor crítico. Era tan honesto que podía pasar por cruel. La consigna de los escolares cubanos de "seremos como el Ché", es un ingenuo homenaje a un hombre muy complejo, valiente y de esos que no se encuentran con frecuencia. Hasta la victoria siempre, Ché comandante, amigo.

jueves, 2 de junio de 2011

¿Qué hacer con la basura radioactiva de Fukushima?

Who Will Take the Radioactive Rods from Fukushima?
by Yoichi Shimatsu


Yoichi Shimatsu analiza uno de los principales retos técnicos que existen en la actualidad como consecuencia del grave accidente de la central nuclear de Fukushima (Japón). Se trata del destino final de las barras de uranio, parcialmente fundidas y que contienen plutonio. Aparte del combustible dentro de la planta que consta de seis reactores, se trata de más de 7 toneladas de varillas que se tienen que remover y asignarles un destino permanente. Esto es necesario antes de cubrir las instalaciones siniestradas con un "sarcófago" de concreto para contener la radioactividad.
Las varillas no pueden permanecer en Japón. Las instalaciones de almacenamiento existentes  en Japón no son  mínimamente apropiadas. El único destino factible tendrá que ser necesariamente otro país.
El presente artículo descubre los entresijos de la actual política global en torno al almacenamiento de los desechos radiactivos. Puede ser que, agotadas otras posibles soluciones, todas más o menos problemáticas, Mongolia se convierta en el punto final de un viaje erizado de riesgos. Los ciudadanos mongoles no saldrán nada beneficiados de unos negocios probablemente muy sucios...y sin duda radioactivos.





The decommissioning of the Fukushima 1 nuclear plant is delayed by a single problem: Where to dispose of the uranium fuel rods? Many of those rods are extremely radioactive and partially melted, and some contain highly lethal plutonium.


Besides the fissile fuel inside the plant's six reactors, more than 7 tons of spent rods have to be removed to a permanent storage site before workers can bury the Fukushima facility under concrete. The rods cannot be permanently stored in Japan because the country's new waste storage centers on the northeast tip of Honshu are built on unsuitable land. The floors of the Rokkasho reprocessing facility and Mutsu storage unit are cracked from uneven sinking into the boggy soil.


Entombment of the rods inside the Fukushima 1 reactors carries enormous risks because the footing of landfill cannot support the weight of the fuel rods in addition to the reactors and cooling water inside the planned concrete containment walls. The less reactive spent fuel would have to be kept inside air-cooled dry casks. The powerful earthquakes that frequently strike the Tohoku region will eventually undermine the foundations, causing radioactive wastewater to pour unstoppably into the Pacific Ocean. The rods must therefore go to another country.


American Bad Faith
Under the Non-Proliferation Treaty (NPT), signed by Japan in 1970, Washington's negotiators stipulated that used nuclear fuel from Japanese reactors must by law be shipped to the United States for storage or reprocessing to prevent the development of an atomic bomb. Washington has been unable to fulfill its treaty obligations to Tokyo due to the public outcry against the proposed Yucca Mountain storage facility near Las Vegas.
A panel convened by the Obama administration has just recommended the set up of a network of storage sites across the United States, a controversy certain to revive the anti-nuclear sentiments during the upcoming election campaign. The American nuclear industry has its own stockpile of more than 60,000 tons of spent fuel - not counting waste from reactors used for military and research purposes - leaving no space for Fukushima's rods inside the Nevada disposal site, if indeed it is ever opened.
To Continental Asia
The Tokyo Electric Power Company (Tepco) has allocated 1 trillion yen ($12 billion) in funds for nuclear waste disposal. Areva, the French nuclear monopoly, has teamed up with Tepco to find an overseas storage site. So far, the Tepco-Areva team have quietly contacted three Asian countries - Kazakhstan, China and Mongolia -- to set up a center for "reprocessing", a euphemism for nuclear dump site.
Among the threesome, China was the top choice for the Japanese nuclear establishment, which has confidence in Beijing's ability to safeguard nuclear secrets from its citizenry and even from the top leaders. Japan's space agency, which keeps 24-hour satellite observation over every nuclear-related facility in China, possesses the entire record of radiation leaks there. Since Beijing withholds this sort of data from the public, the Japanese side felt it had the necessary leverage in talks with Chinese nuclear officials.
Though the nuclear-sector bureaucrats were initially eager to receive bundles of yen, the proposal was blown away by the salt craze that swept over China. Within a couple of weeks of the Fukushima meltdowns, millions of shoppers emptied supermarket shelves on rumors that iodized salt could prevent radiation-caused thyroid cancer. The Chinese public is rightfully fearful of health-related scandals after discoveries of melamine in milk, growth hormones in pork, pesticides in vegetables, antibiotics in fish and now radioactive fallout over farmland.
A nuclear disposal deal would require trucks loaded with radioactive cargo to roll through a densely populated port, perhaps Tianjin or Ningbo, in the dead of night. There is no way that secret shipments wouldn't be spotted by locals with smart phones, triggering a mass exodus from every city, town and village along the route to the dumping grounds in China's far west. Thus, the skittishness of the ordinary Chinese citizen knocked out the easiest of nefarious plans.
Principle of Industrial Recovery
A more logical choice for overseas storage is in the sparsely populated countries that supply uranium ore to Japan, particularly Australia and Canada. As exporters of uranium, Canberra and Ottawa are ultimately responsible for storage of the nuclear waste under the legal principle of industrial recovery.
The practice of industrial recovery is already well-established in the consumer electronics and household appliances sectors where manufacturers are required by an increasing number of countries to take back and recycle used television sets, computers and refrigerators.
Under the principle, uranium mining giants like Rio Tinto and CAMECO would be required to take back depleted uranium. The cost of waste storage would then be factored into the export price for uranium ore. The added cost is passed along to utility companies and ultimately the consumer through a higher electricity rate. If the market refuses to bear the higher price for uranium as compared with other fuels, then nuclear power will go the way of the steam engine.
Australian and Canadian politicians are bound to opportunistically oppose the return of depleted uranium since any shipments from Fukushima would be met by a massive turnout of "not-in-my-backyard" protesters. The only way for Tokyo to convince the local politicos to go along quietly is by threatening to publish an online list of the bribe-takers in parliament who had earlier backed uranium mining on behalf of the Japanese interests.
Nuclear's Cost-Efficiency
The question then arise whether nuclear power, when long-term storage fees are included, is competitive with investment in renewable energy such as wind, solar, hydro and tidal resources. Renewable energy probably has the edge since they don't create waste. Natural gas remains the undisputed price beater wherever it is available in abundance. In a free market without hidden subsidies, nuclear is probably doomed.
In a lapse of professionalism, the International Atomic Energy Commission (IAEA) has never seriously addressed nuclear-waste disposal as an industrywide issue. Based on the ration of spent rods to reactor fuel inside U.S. nuclear facilities, there are close to 200,000 metric tons of high-level nuclear waste at the 453 civilian nuclear-energy plants worldwide. Yet not a single permanent storage site has ever been opened anywhere.
The Fukushima 1 dilemma shows that the issues of cost-efficiency and technological viability can no longer be deferred or ignored. Ratings agencies report that Tepco's outstanding debt has soared beyond $90 billion, meaning that it cannot cover future costs of storing spent rods from its Kashiwazaki and Fukushima 2 nuclear plants. The Japanese government's debt has soared to 200 percent of GDP. Neither entity can afford the rising cost of nuclear power.
The inability of Tepco or the government to pay for nuclear waste disposal puts the financial liability squarely on its partner companies and suppliers, including GE, Toshiba, Hitachi, Kajima Construction and especially the sources of the uranium, CAMECO and Rio Tinto and the governments of Canada and Australia. A fundamental rule of both capitalism and civil law is that somebody has to pay.


Last Stop
Since Australia and Canada aren't in any hurry to take back the radioactive leftovers, that leaves Japan and treaty-partner United States with only one option for quick disposal- Mongolia.
Ulan Bator accepts open-pit mining for coal and copper, which are nothing but gigantic toxic sites, so why not take the melted-down nuclear rods? Its GDP, ranked 136 among the world's economies, is estimated to be $5.8 billion in 2010. Thus, $12 billion is an unimaginable sum for one more hole in the
Not that Mongolia would get the entirety of the budget, since the nuclear cargo would have to transit through the Russian Far East.
 Unlike the health-conscious Chinese, the population of Nakhodka or Vladivostok are used to playing fast-and-loose with radioactive materials and vodka.
Even if the mafia that runs the Russian transport industry were to demand a disproportionate cut, Mongolia's 3 million inhabitants would be overjoyed at gaining about $2,000 each, more than the average annual income, that is if the money is divided evenly after the costs of building the dump.
Realistically, the Mongolian people are unlikely to receive a penny, since the money will go into a trust fund for maintenance costs. That's because $12 billion spread over the half-life of uranium - 700 million years - is equivalent to $17 in annual rent. That doesn't even cover kibble bits for the watchdog on duty, much less the cooling system. Not that anyone will be counting since by the time uranium decays to a safe level, fossils will be the sole remnant of human life on Earth.
Illusory, shortsighted greed will surely triumph in Mongolia, and that leaves a question of moral accountability for the rest of us. Will the world community feel remorse for dumping its nuclear mess onto an ancient culture that invented boiled mutton, fermented mare's milk and Genghis Khan? For guilt-ridden diplomats from Tokyo and Washington wheedling the dirty deal in Ulan Bator, here's the rebuttal: Did the national hero, the Great Khan, ever shed any tears or feel pangs of guilt? There's no need for soul-searching. A solution is at hand.


Yoichi Shimatsu, former editor of the Japan Times Weekly, is a Hong Kong-based environmental writer and also Editor-at-large at the 4th Media, China.






Yoichi Shimatsu is a frequent contributor to Global Research. Global Research Articles by Yoichi Shimatsu



































































El viejo en La Habana.

La penúltima vez que visité La Habana tuve la oportunidad de conocer la finca "Vigía", la residencia de Ernest Hemingway en la capital de la isla. La leyenda turística lo coloca siempre, y nunca mejor dicho, anclado en un extremo de la barra del "Floridita", más o menos entonado bastante antes del medio día.
Hemingway solía escribir en un torre aneja a su residencia. De los cuadros originales, un fantástico Miró muy similar a uno que se encuentra en Barcelona, sus Picassos, algún Braqué y otros más de su estancia parisina, no quedan ninguno ya que la última esposa del escritor los reclamó como parte de su herencia.
La rica biblioteca aún existe y si esto es así se debe en  parte al trabajo dedicado y honesto de mi tía Aída Quevedo, graduada en Filosofía y Letras y bibliotecaria en Biblioteca Nacional, un edificio cercano a los ministerios de Interior y Agricultura (o tal vez se llamaran de otra manera).
La casona de Hemingway conserva trofeos de sus safaris africanos. Llama la atención lo bien que se han sabido consevar detalles que incursionan en la vida privada del escritor: un revistero en el cuarto de baño para entretener los momentos de desahogo fisiológico. Y una báscula para controlar el peso. Si uno se fija verá las cifras escritas con lápiz en la pared.
El jardín es magnífico con lujuriantes árboles frutales. En una parte del terreno cuya ubicación no interfiere con la vivienda se encuentra el yate "Pilar", diseñado a gusto del escritor y que ya nunca zarpará en su ausencia.
Fue triste comprobar que, por falta de medios de transporte idóneos, los únicos visitantes éramos una mujer extranjera vestida como para el otoño europeo: mangas largas, cuello ceñido, falda de lana. Por alguna extraña razón esa solitaria turista iba con la boca medio abierta y parecia desorientada. Mi acompañante, Dimitri, Pavel, Boris, o coronel fulanito de tal, un tipo muy inteligente sin edad, alto, fibroso y con dos dientes de oro, nos tronchamos de la risa. La "guiri" desapareció y nos quedamos solos.
En la pequeña tienda de recuerdos sucumbí a la malsana tentación de comprar un libro con fotos en blanco y negro del escritor y Fidel a los 33 años. Se nota que entre ellos hubo química. Fidel ganó un concurso de pesca de la aguja en el que también competía Hemingway. No faltaron malas lenguas que comentaron que alguien le colocó el preciado bicho en el anzuelo al  entonces jóven dirigente. Resultaba una flagrante estupidez porque un arponazo se nota enseguida y las agujas no son mansos animalitos.
Aquí muestro la portada de "El viejo y el mar", un libro humilde y casi cincuentenario que es una de mis posesiones más apreciadas. Corresponde a los primeros textos editados en Cuba a partir de 1959. El primero fue por cierto "Don Quijote" en cuatro tomos.