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sábado, 8 de enero de 2011

Kuba alucinante:pasaporte felino en Havana.

Pasaporte cubano vigente y habilitado.
Aquí tienen al culpable de menudo revuelo en el aeropuerto "José Martí", La Havana,Kuba. La funcionaria Guardiafronteras lo hojeó minuciosamente. Me dijo que dejara pasar al resto de la gente. Pero ella abandonó su cubículo para consultar qué hacía conmigo y mi documento de identificación.

Salió otro oficial, y con cara de broma  me preguntó: ¿Es un gato o un conejo?. Es gato y araña-respondí presta. El hombre sonrió.Se acercó un militar dotado de varias estrellas y soltó una sonora carcajada. Como que el problema no era suyo y le importaba un bledo.

El pasaporte circuló de mano en mano. Mientras,yo permanecía comodamente sentada en el suelo, observando los movimientos del personal. Al final, alguien decidió que, con gato o conejo, mi pasaporte era válido.

Una larga cola de viajeros, recién llegados en el vuelo de Air France, en el mismo en que yo había viajado, presenciaban intrigados los manejos inexplicables que los privaban de traspasar la frontera. Por lo menos una parte del tráfico normal de pasajeros se había paralizado.

Fuí a parar a un diminuto despacho. A diferencia del salón principal, por donde entran los viajeros, aquel cuchitril contaba con aire acondicionado. El guardia a cargo de los trámites, se las apañaba muy bien con un 486 y una impresora de los 80. Ignoraba el destino de mi pasaporte felino.

Estuvimos charlando hasta que llegaron dos guardias con caras de yo no fuí. Poco después subía al coche de alguien de los Guardafronteras. Al pasar el control saludé a la que verificaba los coches: "Agur segurosa". La oficial, falsamente enfadada, hizo detenerse el coche. ¿Qué dijistes, ¿comemierda?. No - respondí, le he dicho "segurosa", o es que Ud. no lo es.

Total que mientras discutíamos el asunto semántico, el guardia que conducía decidió que echáramos tierra al asunto. Pese a ser sólo las diez de la noche, fuera del sufrido coche había caído una noche del trópico densa y sofocante. Por la ausencia de iluminación, atravesábamos una carretera casi a oscuras.

Fuimos a parar a una mansión, el cuartel de la policía de fronteras. Allí me quité el cansancio de 14 horas entre vuelos y aeropuerto, practicando katás. En algún momento recuperé mi pasaporte con gato.

Poco después me embutía en un taxi años 40. Recibí una despedida calurosa. Hasta había prometido a uno de los guardas, que estaba más bueno que el pan, hacerle llegar una famosa "carta de invitación" (unos 100 euros), para que pudiera viajar a Spain.

El negocio no prosperó porque el hombre no tenía un duro partido por la mitad.

Cuando por fin llegué a casa de mi madre, el taxista empezó a refunfuñar. Creía que yo no le iba a pagar los CUC debidos. Entonces salieron en mi ayuda, Mercedes, adepta al Opus, y la perra de mi madre, Lindi, pese a que es más fea que el hambre. Al día siguiente era mi cumple. Hacía mucho tiempo que no me había reido tanto.

viernes, 7 de enero de 2011

Fiesta gatuna:gatos de Kuba en una juerga.


Una de las varias veces que he estado ultimamente en Kuba, tuve un recibimiento muy especial por parte de las/los funcionarios de extranjería. Y todo por un gato que acerté a dibujar en la página 2 del pasaporte. Al principio me exigieron que aclarara si se trataba de un gato o un conejo. La cosa tenía su enjundia. Como que gato en Kuba es algo más que un felino.
Terminé "retenida" en un local diminuto pero con aire acondicionado. El oficial a cargo de aquello se las apañaba con un 346 y una impresora de los años 70. Fué muy divertido.
Me invitaron, más bien una invitación algo forzosa, a su sede, guarida o cuartel. Una mansión en toda regla. Terminamos practicando katás. Mucho más tarde me subieron en un taxi de los años 40 y fuí a parar a la casa de mi madre, casi tres horas después de haber aterrizado.
No fuí a parar a Villa. Soy de índole insignificante.