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lunes, 21 de febrero de 2011

Cuba, Kuba: lo real no imaginario.

Recuerdo las clases de filosofía del Dr. Suárez Gallól, que era tan buen profesor como para hacernos un poquito digeribles los áridos postulados marxistas leninistas. Y su memoria me llega por la proximidad del Sexto Congreso del PCC en Cuba, que todos esperamos.

¿Qué es Cuba hoy por hoy?. No voy a presumir de experta "cubanóloga". Ese insigne título se encuentra ya ocupado  sobre todo por los rabiosos detractores de Fidel, Raúl, y todo lo que huela ligeramente a revolucionario. A mí es que no me va el odio, prefiero la duda y la comprensión.

Visto de cerca, en su duro día a día, en Cuba lo que impera es un sistema capitalista muy cojitranco que en muchos de sus "sui generis" aspectos, logra poner de uñas, irritar y ofender a una significativa parte de los cubanos de la isla. Y hago tal distinción porque el ejercicio de la cubanía activa a distancia resulta dudoso.Los de la isla son los que cuentan, vamos.

La improductividad de tal armatoste, que no se asemeja, ni por casualidad, a ninguna de las vetustas utopías marxistas, ha sido cruelmente puesta en entredicho ni más ni menos que por los propios líderes revolucionarios: Fidel y Raúl.

Las líneas maestras para lograr un sistema económico mínimamente sostenible pasan, por algo que se dice pronto, pero que va a resultar doloroso: el fin de miles de puestos de trabajo estatales, de esos que los propios empleados decían: "ellos fingen que nos pagan y nosotros a cambio hacemos como que trabajamos".

La aspiración es ni más ni menos, que la creación, a marchas forzadas, de una "clase media" capaz de  lograr la autosuficiencia y satisfacer las necesidades de consumo. Y de ahí sale la relación (recibida con bastantes burlas) de actividades autorizadas, a realizar previo inscripción y pago de tasas.

Para más inri y dificultad para los cubanos deseosos del progreso de Cuba, en la isla circulan esas dos monedas, que marcan significativamente a la población.

Están aquellos y aquellas beneficiarios de remesas en dólares o euros, con los que pueden adquirir artículos de primera necesidad a precios estratosféricos. Fuera del paraiso del CUC o chavitos, todo es oscuridad y desolación.

En medio de los dos sistemas monetarios, y como producto de ellos, funciona un territorio comanche del resolver día a día, que roza cercanamente la ilegalidad. Se roba con gracia y descaradamente al padrecito estado. Se practican todo tipo de cambalaches.  No es una economía sumergida: es "la" verdadera economía interna. 

Pese a tan anómalo panorama, el observador bien intencionado que visita la isla no dejará de admitir que los cubanos protagonistas de tal situación ofrecen un aspecto bastante lejano a la depauperación y la miseria galopante de otros países del entorno.

Y no es un consuelo vano: en Cuba no se verá por ningún lado niños mendigos. Y sí muchísimas escuelas humildemente dotadas, pero muy dignas, donde los chavales se encuentran calzados, limpios y ruidosamente saludables. Algunos modelos pedagógicos, como los internados  de enseñanza media gratuitos, resultaron incosteables y ya se han abandonado paulatinamente.

Pero junto con tales fracasos existe una extensa red de escuelas técnicas y facultades universitarias. De institutos de investigación, como los centros biotecnológicos, el Instituto de Medicina Tropical, o la Escuela Latinoamericana de Medicina.

La escolarización en Cuba, amplia y notable, es un capital muy importante para la etapa de cambios que se avecinan. Pero, ¿qué nos queda de la Revolucion?

El gobierno encabezado por Fidel y Raúl, o como se quiera ponerlos, cuenta dentro de la isla con un amplio sustrato de apoyo que se extiende más allá de  los pilares fundamentales del estado como el Ejército o el MININT.

El presente espíritu revolucionario, o lo que queda de él, descansa fundamentalmente en la defensa a ultranza de la nacionalidad, es decir en un patriotismo que no deja de criticar, y hay que ver cuanto, las actuaciones del gobierno.

En Cuba la población no se corta a la hora de criticarlo todo. Y para hacerlo aprovechan todos los espacios creados por el propio sistema: las organizaciones que convocan mítines masivos que los cubanos con frecuencia convierten en ocasiones de fiesta espontánea.

Las variopintas organizaciones anticastristas de viejo estilo, que funcionan fuera de la isla, cuentan con poca o ninguna representatividad dentro del país. Y su lenguaje más bien anquilosado no consigue eco entre los cubanos más jóvenes.

Claro que los jóvenes quieren mucho más de lo que ahora tienen, pero que no necesariamente ven en el exilio  la solución a sus aspiraciones. Son una fuerza constructiva importante de la que no se habla.

Y luego cuentan los denominados disdentes que desarrollan su actividad dentro del país. La verdad es que, visto el carácter pacífico y conciliador de por ejemplo, las Damas de Blanco,  sería muy deseable que encontraran un espacio de libre expresión, participativo y abierto.

Existe una diferencia abismal entre las aspiraciones y objetivos de los distintos grupos que se oponen al actual gobierno dentro del país, con respecto a sus contrapartes digamos que "miamenses". Actualmente tal parece que la única alternativa es la cárcel o el obligado exilio.

Quienes participen en el Sexto Congreso del PCC tiene la oportunidad de aprovechar todo el potencial de su organización para contribuir, porqué no, a establecer una sociedad plural y dialogante. No deberían tener miedo a un desbordamiento inesperado.

Hay un chiste muy malo y muy viejo en que un agente de la CIA rinde informes en Langley luego de un viaje a Cuba. Y ésto es lo que decía el buen hombre: "Allí las tiendas están vacías, pero todo el mundo come. No hay prendas de ropa, pero no se ve nadie en harapos. Y todo el mundo habla mal de Fidel, pero si uno se lo critica, salen miles gritando Patria o Muerte. Eso no lo entiende nadie". Pues eso, que Patria o Muerte.








martes, 1 de febrero de 2011

Salud pública en Cuba: la versión de la Oficina de Intereses

El tiempo ha unido dos informaciones que versan sobre el mismo asunto: el estado actual del sistema sanitario cubano.

Comenzaré por una decisión de los tribunales cubanos. Algo que conozco personalmente. El día 6 de enero de 2010, en coincidencia dramática con el terremoto de Haití, se produjo en Cuba una bajada extrema de la temperatura. Yo estaba allí. Precisamente en el Aeropuerto José Martí. La temperatura exterior era de 3 grados centígrados.

A la mañana siguiente, todos los habaneros tiritaban de frío. Y faltos de equipos invernales adecuados, se disfrazaban como podían. La televisión nos mareaba con las imágenes dantescas provenientes de Haití.

Pero de pronto una noticia local se sobrepuso a la inmensa tragedia del país vecino, y hasta al riesgo de que alguna réplica alcanzara el oriente de Cuba. Los cubanos montaron en cólera. Y con toda razón.

Se supo que esa noche habían muerto un número, no determinado en ese momento, de ancianos pacientes psiquiátricos crónicos. La causa, se dijo enseguida, era una combinación de desnutrición e hipotermia. Viejos, con hambre y olvidados. Eran menos muertos que en Haití. Pero la gente se puso en pie de guerra:son nuestros muertos. En la calle todo el mundo lo comentaba.

Un año después, los responsables de aquél trágico hecho comparecían ante un Tribunal Provincial. Empezando por el director del centro, Wilfredo Castillo, y hasta un número de 13 personas, han sido condenadas a penas que oscilan entre 5 y 15 años de prisión.

En el juicio comparecieron hasta 70 testigos. Se destaparon robos continuados de enseres y suministros de comida. El descuido de la sala donde se encontraban los fallecidos, por causas desconocidas, carecían de ventanas. Los cubanos se encuentran ahora muy satisfechos por tal actuación judicial que sienta precedentes. En Cuba se trata de combatir la corrupción, aunque cueste. Déjenle el problema a los cubanos de Cuba. Se lo han ganado a pulso.

El otro asunto que también tiene que ver con los servicios sanitarios en Cuba, procede, como no, de los famosos Wikileaks. Y claro, aparece la activa Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

La pieza del periódico español "El País" se refiere siempre a "la doctora de la delegación". Es decir, de la Oficina de Intereses.

Completa el escenario el documental corrosivo de Michael Moore, "Sicko", en que un grupo de pacientes estadounidenses terminaban subidos en una patera, rumbo a Cuba, en busca de atención sanitaria. Dicho documental se vio en toda la isla. En el cine y hasta en la televisión. Cada cuál sacó la impresión que le pareció más cierta. En Cuba la gente no se corta a la hora de criticar.

Como la persona de la Oficina de Intereses no da la cara, todo es oscuro y secreto, me limitaré a rebatir unicamente algunos pocos puntos objetivos de los que dicha presunta experta estadounidense señala.

Según la Oficina de Intereses, los pacientes de SIDA en Cuba, sufren discriminación, maltrato psicológico e incluso negación de acceso a la incorporación al trabajo.

La única referencia real que tengo, es la de un vecino de mi madre. Un jóven portador del HIV, ya fallecido. Esta persona visitó en varias ocasiones la casa de mi madre. Se encontraba recluido en un hospital en las afueras de la capital, exclusivo para el tratamiento de la inmunodeficiencia adquirida.

Nunca nos habló de haber sido discriminado. Era cierto que existía una especie de "sidatorio", pero ello no implicaba el encarcelamiento de los pacientes. Se tomaron medidas para la contención de la pandemia. La OMS jamás ha cuestionado los protocolos sanitarios cubanos ¿O no es verdad? ¿Dónde están los informes técnicos pertinentes?.

En los documentos de identificación de los cubanos que conozco, es decir, en los que he visto, no figura ni su grupo sanguíneo, ni ningún dato sobre su salud. Si al principio de la pandemia del HIV se hizo algo parecido, no se ha continuado.

Los portadores del HIV en Cuba no son apestados. Lo que afirma "la doctora" estadounidense de marras, es mentira. La Iglesia Católica cubana brinda su apoyo caritativo y misericordioso a muchos pacientes que así lo desean. Hay monjas que se dedican a ello. Me creo en lo que dicen: existen grandes carestías materiales, hay muchos problemas, pero se hace lo que se puede.

Para los pacientes portadores de HIV hay tratamientos antivirales,los mismos que en otros países y existe respeto y compasión.

El informe de la Oficina de Intereses, originado en la inspección ¿furtiva?, realizada por la anónima doctora, se dirige también al tratamiento del cáncer en Cuba.

Se afirma, sin dar cifras, ni ofrecer testimonios, ni documentar nada, "que muchos jóvenes pacientes de cáncer han sido infectados por el vírus de la hepatitis C".

Cuando se hace una evaluación de tal calibre epidemiológico hay que tratar, al menos, de acotar cuántos y cómo. Si ha sido por inmunoglobulinas inyectables. Si ha ocurrido en transfusiones de sangre. Ese es el procedimiento científico. Lo demás es infundio. ¿Qué publicación médica estudió los casos?. ¿Cuándo?. Es posible que se produjeran infecciones. Pero, ¿dónde, cuántas y cómo?.

Llama la atención el apunte de que a los pacientes cáncer se les niega la posibilidad de elegir tratamiento.¿Dispone el sistema sanitario cubano de recursos para hacerlo?. Y por si fuera poco, también se apunta que se les impide el acceso a la web, para enterarse de cómo se trata su enfermedad en el resto del mundo.

Es bien sabido que en Cuba el acceso a la web es muy caro, malo y limitado. Pero es mentira que alguien impida a un cubano "conectarse" desde un hotel, a 6 euros la hora. Y más lento que el caballo del malo.

El panorama descrito roza lo grotesco: en Cuba existen grandes carencias de material sanitario, falta algodón, faltan vendas, las aspirinas desaparecen, los hospitales no disponen de sábanas decentes, faltan muchas cosas. Los hospitales de cualquier especialidad sufren de una fuerte presión asistencial. Se puede decir que están al límite. Pero aguantan el tirón.

Las afirmaciones de la sabia doctora estadounidense combinan la realidad con el sensacionalismo más burdo.

En La Habana funciona un hospital oncológico. Sobre él gravitan todas las limitaciones materiales que padecen el resto de las instituciones cubanas. Y es cierto que las familias de los pacientes tienen que aportar aquello de lo que el hospital carece. Incluso en muchos casos han de contribuir y hasta ocuparse de la higiene de la habitación, si se tercia. En Cuba hay que "resolver", como se pueda.

Los médicos cubanos son excelentes. Habrá, como en todas partes, unos mejores que otros. Pero en general reciben bastantes menos retribuciones de las que por sus notables logros merecen. Y en Cuba funcionan, como en todos los países, los enchufes, las amistades, las recomendaciones y hasta ciertos bonitos sobornos de distinta naturaleza. ¿Y dónde no sucede?. No se trata de justificarlo sino de ponerlo dentro de un contexto real y cotidiano. Es lo que hay.

La doctora de la Oficina de Intereses obvia decir, por ejemplo, que la atención en la especialidad de obstetricia ha llevado a que en la isla se produzca una mortalidad infantil perinatal inferior a la de EEUU. Y que zonas del país que nunca habían visto un galeno, cuentan con atención primaria y hospitalaria.

Los cubanos no se encuentran ya en el Período Especial en tiempos de paz. Han remontado ese punto crítico. Pero están en una etapa muy defícil de cambios radicales.

La sanidad pública padece todos los mismos males y carencias del sistema económico caduco, según el propio Comandante Fidel.

Pero señora experta en la sombra, le recomiendo, con el debido respeto que mire para su casa. Cuba tiene mucho que arreglar, pero en EEUU ni siquiera sueñan con la protección sanitaria con que contamos en Europa.

La verdad es que la Oficina de Intereses no es la entidad más adecuada para ponerle los puntos sobre las íes a los cubanos.

Parte de lo que dice la muy experta, por lo menos a la altura de 2011, es sencillamente falso. Le guste o no, please, mire para su patio.